Malvinas:el dolor tiene nombre y apellido; la traición también

1-Apr-2018

 

 

Por: Tano Armaleo.- Cuando en horas más se recuerde un nuevo aniversario de la bravuconada militar de recuperar el territorio usurpado por los piratas ingleses -2 de abril de 1982-, seguramente las fanfarrias y actos oficiales buscaran resaltar aquella gesta.  Una recuperación que solo tenía como objeto cubrirles las espaldas a una dictadura cívico-militar en franco retroceso.

 

Aquel 2 de abril no fue un intento sabio, estratégico y mucho menos político en cuanto a defensa nacional se refiere, más bien todo lo contrario. Fue la embestida de un borracho, el fallecido general Galtieri y su sequito de civiles que pensaron que pelar con los ingleses sería un mero trámite. Mucho más cuando detrás de los piratas estaba el otro imperio, los EE.UU y sus eternos súbitos por caso, el chile del asesino Pinochet que jugó claramente contra el interés de la Argentina. Otros, por ejemplo, Perú, y Panamá acompañaron los derechos soberanos nacionales.


Si bien desde el retorno de la democracia es mucho lo que se ha intentado avanzar en el plano diplomático -OEA. ONU, y comunidad internacional de decenas de países que también reclaman la “descolonización ya” siguiendo las disposiciones y leyes internacionales-, desafortunadamente, la llegada de Mauricio Macri ha cambiado la estrategia anterior.  Jugando dentro del esquema internacional de neoliberalismo, aquel que asume como algo natural el colonialismo, por lo tanto hay que someterse a los designios del dominador, el actual gobierno dejó de presionar a Inglaterra en los estrados institucionales internacionales.

 

Disquisiciones de lado, y más allá de la lógica subjetividad de quien esto escribe, lo relevante es rescatar que detrás de Malvinas subyacen rostros y miradas que nos seguirán en la eternidad: los asesinados por balas piratas. Chicos que con escasos 20 años fueron embarcados a una embriagada aventura que dejo huellas eternas.

 

Muchos jóvenes murieron en combate, algunos cálculos estiman que fueron 649, pero más fallecieron en continente: se suicidaron. Inmerso en el dolor que significa toda guerra, el ninguneo tras la llegada de la islas, sumado a la falta de contención, más de 1200 personas terminaron quitándose  la vida a través de los años; nunca superaron el flagelo que deja  la guerra y el olvido social.

 

El ejercicio de la memoria con toda la verdad y justicia del caso, también exige un profundo respeto sobre aquellos que no están; y también sobre sus familiares. Por eso, recodar es ponerle nombre y apellido a cada uno de los que le arrebataron la vida.

 

La Zona Norte no fue la excepción a la hora de entregar vidas en las Islas Malvinas. Plazoletas, monolitos y algunas calles, son la memoria viviente que nos exige no dejar las cosas simplemente en el recuerdo. Así surge de datos oficiales aportados por los municipios


Vicente López entregó a tres de sus hijos: Miguel Aguirre, Víctor Jesús Benzo y Alejandro Raúl Pereyra tal cual se destaca en la plazoleta emplazada sobre la costa del río y la calle Lavalle.

 

En cuanto a San Isidro  -hay diversos sitios que recuerdan a los caídos-, Rubén Isidro Boutron, Héctor Hugo Diez Gómez, Héctor Dufrenchou, Omar Herrera, Marcelo Sergio  Novoa, Marcelo Romero, Fernando Luis Sieyra, y César Alberto Zapata son el rostro visible del dolor.

 

San Fernando no quedó atrás a la hora de entregar vidas. Si bien se estima que fueron 160 los jóvenes que debieron empuñar las armas en defensa de la soberanía nacional, sólo dos perdieron la vida: Juan Carlos Reguera, caído en el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano y Juan Simón Sánchez.

 

Tigre, que al igual que otros distritos, cuenta con un Centro de ex Combatientes que trabaja en armonía con el municipio conteniendo y abrigando a muchos familiares que vieron como uno de los suyo terminaron quitándose la vida tras la contienda. De acuerdo a los registros, Tigre vio perder a 6 de sus hijos, 4 en Malvinas, 2 en el crucero Gral. Belgrano. Jorge López, Florindo Larosa, Manuel Villalba, Juan Domingo Horisberger,  Cardoso y Benítez, de algún modo son la “memoria” social que recuerdan aquel 2 de abril de 1982.

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