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Presentado por

Lágrimas de dolor y alegría en la “Casa de Perón”

2-Dec-2017

Durante el acto de presentación de la lista del PJ local

 

 

Por: Tano Armaleo.- “Pisar nuevamente ésta casa es como introducirme al túnel del tiempo, a tiempos de resistencia y lucha por el retorno de Perón, de cientos de compañeros perseguidos, torturados y asesinados hasta la llegada de nuestro líder; esta casa representa eso y también la lucha de los 70, la de los compañeros desaparecidos y el abrazo histórico de Perón a Balbín sellando el camino de la unidad nacional de las dos grandes fuerzas nacionales y populares; y veo  en Uds., compañero de la juventud maravillosa, que todo aquello sirvió, no fue en vano”, quien así se expresaba  con lagrimas en los ojos y su voz quebrada, era el dirigente Alberto “Negro” Oliva al momento de presentar la lista de unidad del Partido Justicialista en sitio muy caro para  el sentimiento peronista: la casa de Juan Domingo Perón.  

 

Emplazada en Gaspar Campos y Madero, pleno corazón de Vicente López, la antigua casa fue comprada por la CGT al momento de que el ex presidente constitucional retornara al país luego de 18 años de persecución y proscripciones por parte de militares y civiles. Un sitio que tras las dictadura del 76 fue tomado por asalto para dar cabida a un Comando de Operaciones Táctica del ejército -ver nota aparte- .


La presentación de la lista de unidad se materializó en la jornada de ayer ante la presencia de numerosa gente.

 

Una lista, cabe señalar, que reúne a nuevas generaciones y aquellas que expresan un largo camino militante dentro del peronismo. “Unidad plasmada gracias al esfuerzo de todos los sectores, no hubo ni hay mezquindades, solo ganas de volver a ser la esperanza electoral de nuestro pueblo”,  tal cual señalara ante Lo Nuestro, el dirigente Néstor Baches. Expresiones similares tuvo el dirigente Néstor “Coty” Cotignola que pondero “la madures y humildad de todos los compañero que “comprendamos que en la unidad radica nuestra fuerza si de verdad queremos frenar el modelo macrista que tanto daño está causando”.

 

Una mirada interinaste realizo el veterano y querido dirigente Alberto “El Mudo” Alonso (referente de La Campora local) quien ante éste periodista decía: ésta casa ya no es de Perón, pertenece al campo nacional y popular, a los que creen que los pueblos pueden y deben ser libres y no sometidos al escarnio de neoliberalismo y de los gobiernos de ricos.

 

Memoria histórica

 

Hablar de la casa de Perón es recordar, también, que tras el golpe cívico militar del 24 de marzo 1976 mientras la presidenta Estela Martínez era detenida y acusada de corrupción, cuestión que  luego se demostró que todo fue una terrible farsa de los golpistas, la vivienda del matrimonio presidencial era tomada por los dictadores.

 

Para sostener el relato oficial, mostraban la vivienda, el automóvil de Perón -un Fiat regalado por la empresa italiana- mediante el cual en más de una oportunidad se escapaba sin custodia (no era presidente todavía) a recorrer las calles, filtraban fotos de  las habitaciones, living, biblioteca y comedor como si la propiedad fuera un residencia de lujo cuando en realidad era una linda casa y nada más.

 

Los uniformados tomaron la “Casa de Perón” y la hicieron un centro de represión. Al frente del mismo estaba un tal coronel Vaccaro; por lo menos así se hacía llamar. Mientras mataban a diestra y siniestras y sometían al país al peor de los mundos, civiles y militares también perseguían al periodismo. Lo Nuestro no fue la excepción. Quien esto escribe, junto a Claudio Leveroni, fundadores del medio, padecimos el rigor de ellos.

 

En particular, padecí que me llevaran a la Casa de Perón para conocer al mencionado “coronel”. Un tipo que luego se paseaba libremente por las calles de Olivos.

La idea de sentarnos frente a la  pistola y la gorra, no era otra cosa que amedrentarnos. Por aquellos años, la autocensura era parte del instinto de supervivencia dentro del periodismo. Como periodistas no podíamos ni queríamos callar, elegimos estudiar y abrazar dicha profesión. Cierto, éramos muy jóvenes, apenas 21/22 años, y mucho era el dolor en nuestro entorno como para  hacernos los distraídos.

 

Con la sabiduría de colegas más curtidos y con años de perseguidos durante otras dictaduras, fuimos abriendo una pequeña ventana por donde la comunidad regional pudiera mirar la realidad en toda su intensidad. Esta es otra historia que bien puede ser leída en el libro de los “Lo Nuestro, 30 años de periodismo regional”, editado hace 10 años atrás.

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